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Entradas

Tres poemas de Ion Mircea

PRÓLOGO
De un tiempo a esta parte, amor mío,
mi capacidad auditiva no es la misma
y sucede que no escucho todas tus palabras.
pero tú eres tan hermosa como el silencio que me rodea.
de un tiempo a esta parte, tampoco los ojos
me sirven de gran cosa.
pero tú, amor mío,
sigues siendo hermosa incluso en la oscuridad.
un bello día
perderé también el resto del cuerpo.
pero entonces, amor mío, serás tú mi nuevo cuerpo

y regresaré a ti al atardecer
como una abeja ciega y sorda vuelve a su colmena.

EL DERECHO A SER OLVIDADO
Tras ejercer el derecho a ser olvidado
después de que borrasen cualquier referencia a mi nombre
en el espacio virtual
compruebo con sorpresa
que no he dejado de existir,
amor mío, incluso olvidado
sigo siendo el mismo,
sería de una enorme ingratitud no admitir
que morir ahora me resultaría mucho más fácil
con los pies besados por las olas mientras, por un instante,
me olvido pura y simplemente de que estoy echado
y doy los primeros pasos gotas dubitativas entre dios y el mar

por lo demás nada ha cam…
Entradas recientes

Dos poemas de Mary Jean Chan

NOTAS PARA UN ENTENDIMIENTO
I
Cuando dijiste:¿Por qué no me advertiste
acerca de las diferencias culturales?, 
no sabía
si te referías al rostro de mi madre completamente
oscuro como una cortina, o a las verduras.
II
Cuando mi madre dijo: el contorno de sus orejas
es catastrófico
, por un momento reflexioné sobre
las sombras de mi propio auditorio, hasta qué punto ellas
habían representado también un papel en mi rareza irrevocable.
III
Cuando mi padre dijo: Encuentro que el lenguaje es
algo muy difícil
, me pregunté si se estaba
disculpando por sus silencios, por cómo no había
dicho nada cuando mi madre hizo estallar mi nombre.
IV
Cuando yo dije: Quiero gritaros a todos, pero ¿en qué
idioma?, 
mi mente estaba sintonizada en
dos frecuencias: la rabia cantonesa de mi madre
y tu inglés como una ráfaga, que me invitaban a elegir.

HABLANDO EN LENGUAS
mi madre dice: fan lei
la poeta dice: compórtate
mi madre dice: seng sin
la poeta dice: rayo de luna mi madre dice: separación de la voz la poeta dice: compórtate, rayo de …

Tres poemas de Dom Moraes

UNA VEZ
Te ocurre una vez, y sólo una.
Observas dentro de ti durante muchos años,
un hábito de infancia nunca abandonado,
y un día por accidente aparece un rostro
que reconoces sin haberlo visto jamás. Rasgos delicados de una raza antigua,
una belleza clásica cincelada sobre piedra oscura
que devuelve el recuerdo de otro lugar
que te fue familiar en un tiempo distinto. Desde tu exhausta mente la memoria asciende
como se aclara el agua tras arrojarle una piedra;
el mundo hecho carne, su cuerpo de bronce intenso
entre tus brazos muchos años después.
Te ocurre una vez; sólo una.

TRAS LA PUERTA
Un cadáver viste mis ropas.
Un muerto calza mis zapatos
con sus pies infectos.
Mis anteojos no ven.
Me encuentro ante una puerta
labrada en piedra negra
de la cual no tengo la llave.

Los amigos que hice cuando era joven
patrullan la orilla occidental.
Me piden que traicione
cuando tengo y les siga.
Quizás lo haga, algún día,
pero me ha agotado
este viaje hacia quien soy.

Los trinquetes de la oscuridad

Un poema de Nguyên Tiên Hoàng

RÍO HÀN
Estuve allí una mañana, podría haber sido este mismo rincón
la orilla abierta atenta al agua plateada-temblorosa-calma-fluida-veloz
el agua y sus detritos
antes de la guerra antes de las multitudes de máscaras
La mujer del ferry es el ahora: un barco ligero, una hoja,
luz y agua, patrones de pequeños gritos
que invaden estuarios de cañas, sapos, ranas, chinches
La voz del río cruza una ciudad embelesada Ella y su carga navegando la mañana incesante
bajo el sol quieto que arde en un estado mental-recayendo en su locura sin sentido
Estuve allí una mañana, podría haber sido este mismo rincón
Yo podría haber sido el ciego que deambula por la ciudad cruzando sus muchas puertas
o Heráclito, quien podría haber sido la comadrona
la mañana que nací
La mujer del ferry podría haber sido mi joven madre
su hijo una foca de río
que acaba de perder su rama de roble
Cogiendo con fuerza mis manitas de niño bajo la arjuna gigante
una mujer enorme y luminosa que hablaba la única lengua que yo conocía
columnas de lu…

Dos poemas de Max Ritvo

LOS SENTIDOS
Todo me sienta tan bien:
mi gorro de lana,
la larva de aridez en mi garganta.
El sonido de las verduras en la sartén
se parece al de un hombre limpio y silencioso
que dobla sábanas.
Pero sigo teniendo pensamientos— siempre un pensamiento
que mantiene a raya al siguiente
hasta que se echa a perder como que ya
otra imagen de la insatisfacción
que ama ser pensada,
otra pera, fea
como la cabeza
de un hombre que piensa.
Pensaba que mi siguiente pensamiento
sería una visión de mi sufrimiento;
pensaba que entendería el rayo amarillo
de la tormenta pintada--
la manera crucial en que desaparece
cunado me imagino a mí mismo tirándome
de cabeza al cuadro.
A cambio tengo esta imagen de la insatisfacción,
el pensamiento que no se eleva,
sino que se parte en dos
en la pregunta no respondida del relámpago, 
mi mente
como ese guante negro
que tomas por un hombre
en medio de la tempestad.

POEMA A MI CAMILLA
Comparto mis genes con los ratones,
y no de la manera banal
en que los viejos genes humanos
se encuentran en las Best…

Ocho poemas de Luljeta Lleshanaku

EL FINAL DEL VERANO
El verano está llegando a su fin.
No me refiero a las piscinas que se vacían,
ni a cómo el viento excava en la arena
en busca de huesos, como un cachorro de coyote.
Estoy pensando en otro verano
y en otros signos.
El momento en que sientes que tu estrella se apaga,
así que te la quitas del pecho
y la clavas en tu chaqueta como una insignia,
o en el cuello de tu abrigo
a ver si así los otros reparan en ella.
El momento en que aprendes a negociar:
cinco postres a cambio de un único cigarrillo,
cinco años de vida por un romance fallido,
cinco vidas de mariposa
por cinco días de oruga en su capullo. Entonces entiendes
que la amargura es la clave de la existencia.
Y cuando reparas en el paisaje en el rostro de tu madre
y los gestos de tu padre se repiten simétricamente en los tuyos
sin alternativa posible, como una ciudad que recupera la rutina
después de retirar los adornos de una celebración eufórica.
¿Qué fue de aquello que una vez nos hizo únicos? Manos desconocidas deslizan
folletos de pro…

Un poema de Phoebe Giannisi

LOS COMEDORES DE LOTO, II
Aquí me quedaré  donde da la vuelta la carretera  en la curva de la bahía  donde termina el cabo  en la cima de la alta montaña  en los brazos abiertos del mar  en la boca del río
Aquí me quedaré  las manzanas son rojas  las peras jugosas  las suelas de los zapatos no se desgastan
caminas descalza con ropa ligera
final del verano
pero el invierno no llega
Puedes sentarte afuera en el crepúsculo  mientras cae la noche
escuchas a los ruiseñores las luces se acercan
sobre las amplias mesas  los pequeños alimentos del final de la tarde
cenas con polillas
ebria
Ya te has tomado tu medicina
la medicina una flor
la medicina es la medicina
olvido  es cada momento un comienzo completamente nuevo
es No sé de dónde vengo No quiero regresar
la medicina  es siempre ahora siempre ahora