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Poemas de Patrizia Cavalli

  Los marroquíes con las alfombras parecen santos y sin embargo son mercaderes. * Ahora que el tiempo parece todo mío y nadie me llama para la comida ni la cena, ahora que puedo quedarme mirando cómo se deshace una nube o cómo se destiñe, cómo camina un gato por el tejado en el lujo inmenso de una exploración, ahora que cada día me espera la ilimitada largura de una noche sin llamada y no hay ya razón para desnudarme con prisa y descansar en la cegadora dulzura de un cuerpo que me espera, ahora que la mañana no tiene comienzo y silenciosa me permite dedicarme a mis cosas, a todas las cadencias de la voz, ahora querría de pronto la prisión. * Después de años de tormentos y arrepentimientos lo que descubro y lo que me queda es una banalidad fresca e indigesta. * Si ahora tú llamaras a mi puerta y te quitaras las gafas y yo me quitara las mías que son iguales y después entrases en mi boca sin temor a besos diferentes y me dijeras “Amor mío, ¿qué ha pasado? sería una obra de teatro de éxit
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Tres poemas de Ion Mircea

PRÓLOGO De un tiempo a esta parte, amor mío, mi capacidad auditiva no es la misma y sucede que no escucho todas tus palabras. pero tú eres tan hermosa como el silencio que me rodea. de un tiempo a esta parte, tampoco los ojos me sirven de gran cosa. pero tú, amor mío, sigues siendo hermosa incluso en la oscuridad. un bello día perderé también el resto del cuerpo. pero entonces, amor mío, serás tú mi nuevo cuerpo y regresaré a ti al atardecer como una abeja ciega y sorda vuelve a su colmena. EL DERECHO A SER OLVIDADO Tras ejercer el derecho a ser olvidado después de que borrasen cualquier referencia a mi nombre en el espacio virtual compruebo con sorpresa que no he dejado de existir, amor mío, incluso olvidado sigo siendo el mismo, sería de una enorme ingratitud no admitir que morir ahora me resultaría mucho más fácil con los pies besados por las olas mientras, por un instante, me olvido pura y simplemente de que estoy echado y doy los primeros pasos gotas

Dos poemas de Mary Jean Chan

NOTAS PARA UN ENTENDIMIENTO I Cuando dijiste: ¿Por qué no me advertiste acerca de las diferencias culturales?,  no sabía si te referías al rostro de mi madre completamente oscuro como una cortina, o a las verduras. II Cuando mi madre dijo:  el contorno de sus orejas es catastrófico , por un momento reflexioné sobre las sombras de mi propio auditorio, hasta qué punto ellas habían representado también un papel en mi rareza irrevocable. III Cuando mi padre dijo:  Encuentro que el lenguaje es algo muy difícil , me pregunté si se estaba disculpando por sus silencios, por cómo no había dicho nada cuando mi madre hizo estallar mi nombre. IV Cuando yo dije:  Quiero gritaros a todos, pero ¿en qué idioma?,  mi mente estaba sintonizada en dos frecuencias: la rabia cantonesa de mi madre y tu inglés como una ráfaga, que me invitaban a elegir. HABLANDO EN LENGUAS mi madre dice:  fan lei la poeta dice:  compórtate mi madre dice:  seng sin la poeta dice

Tres poemas de Dom Moraes

UNA VEZ Te ocurre una vez, y sólo una. Observas dentro de ti durante muchos años, un hábito de infancia nunca abandonado, y un día por accidente aparece un rostro que reconoces sin haberlo visto jamás. Rasgos delicados de una raza antigua, una belleza clásica cincelada sobre piedra oscura que devuelve el recuerdo de otro lugar que te fue familiar en un tiempo distinto. Desde tu exhausta mente la memoria asciende como se aclara el agua tras arrojarle una piedra; el mundo hecho carne, su cuerpo de bronce intenso entre tus brazos muchos años después. Te ocurre una vez; sólo una.   TRAS LA PUERTA Un cadáver viste mis ropas. Un muerto calza mis zapatos con sus pies infectos. Mis anteojos no ven. Me encuentro ante una puerta labrada en piedra negra de la cual no tengo la llave. Los amigos que hice cuando era joven patrullan la orilla occidental. Me piden que traicione cuando tengo y les siga. Quizás lo haga, algún día, pero me ha agotado est

Un poema de Nguyên Tiên Hoàng

RÍO HÀN Estuve allí una mañana, podría haber sido este mismo rincón la orilla abierta atenta al agua plateada-temblorosa-calma-fluida-veloz el agua y sus detritos antes de la guerra antes de las multitudes de máscaras La mujer del ferry es el ahora: un barco ligero, una hoja, luz y agua, patrones de pequeños gritos que invaden estuarios de cañas, sapos, ranas, chinches La voz del río cruza una ciudad embelesada Ella y su carga navegando la mañana incesante bajo el sol quieto que arde en un estado mental-recayendo en su locura sin sentido Estuve allí una mañana, podría haber sido este mismo rincón Yo podría haber sido el ciego que deambula por la ciudad cruzando sus muchas puertas o Heráclito, quien podría haber sido la comadrona la mañana que nací La mujer del ferry podría haber sido mi joven madre su hijo una foca de río que acaba de perder su rama de roble Cogiendo con fuerza mis manitas de niño bajo la arjuna gigante una mujer enorme y luminosa que hablaba l

Dos poemas de Max Ritvo

LOS SENTIDOS Todo me sienta tan bien: mi gorro de lana, la larva de aridez en mi garganta. El sonido de las verduras en la sartén se parece al de un hombre limpio y silencioso que dobla sábanas. Pero sigo teniendo pensamientos— siempre un pensamiento que mantiene a raya al siguiente hasta que se echa a perder como que ya otra imagen de la insatisfacción que ama ser pensada, otra pera, fea como la cabeza de un hombre que piensa. Pensaba que mi siguiente pensamiento sería una visión de mi sufrimiento; pensaba que entendería el rayo amarillo de la tormenta pintada-- la manera crucial en que desaparece cunado me imagino a mí mismo tirándome de cabeza al cuadro. A cambio tengo esta imagen de la insatisfacción, el pensamiento que no se eleva, sino que se parte en dos en la pregunta no respondida del relámpago,  mi mente como ese guante negro que tomas por un hombre en medio de la tempestad. POEMA A MI CAMILLA Comparto mis genes con los raton

Ocho poemas de Luljeta Lleshanaku

EL FINAL DEL VERANO El verano está llegando a su fin. No me refiero a las piscinas que se vacían, ni a cómo el viento excava en la arena en busca de huesos, como un cachorro de coyote. Estoy pensando en otro verano y en otros signos. El momento en que sientes que tu estrella se apaga, así que te la quitas del pecho y la clavas en tu chaqueta como una insignia, o en el cuello de tu abrigo a ver si así los otros reparan en ella. El momento en que aprendes a negociar: cinco postres a cambio de un único cigarrillo, cinco años de vida por un romance fallido, cinco vidas de mariposa por cinco días de oruga en su capullo. Entonces entiendes que la amargura es la clave de la existencia. Y cuando reparas en el paisaje en el rostro de tu madre y los gestos de tu padre se repiten simétricamente en los tuyos sin alternativa posible, como una ciudad que recupera la rutina después de retirar los adornos de una celebración eufórica. ¿Qué fue de aquello que una v