13.11.09

9.11.09

7.11.09

Anunciación





6.11.09

4.11.09

Amanecí una vez cerca del río;
venía un ciervo tuyo
con la bella cabeza hecha un desorden,
miré y colmabas
los recipientes del sol.
Espadas del otoño
y el sereno limón de tu ventana,
retaron mi corazón fiado en su ternura.
Tapia que gana el empujón del viento,
fui vencido. Quedé solo en la noche,
quedé mirando el mar a tientas
de mi alma.

(Eladio Cabañero)

2.11.09

Alda Merini. 1931-2009

Últimos días de inscripción al taller "Leer la poesía del siglo XX"

Una de las vertientes más destacadas de la poesía de la segunda mitad del siglo XX-si no la más destacada- es la que lleva hasta las últimas consecuencias la creación de una poesía reflexiva y testimonial, que aúna documento y autobiografía. En este curso se dan las claves para acercarse a ella con conocimiento de causa y se repasa la obra de los poetas fundamentales de ese período.


Programa:
La clave de este curso será trabajar sobre los textos de los poetas. Para ello, el alumno recibirá un cuadernillo con los poemas que serán motivo de estudio.
Algunos temas que se tratarán son:
-Poesía y duración: una introducción a la poesía de la segunda mitad del s.XX.
-Poesía e historia: de la historia a la autobiografía.
-El poeta como testigo de la historia: poesía y documental.
-Poesía después de Auschwitz: Milosz, Celan.
-Poesía y exilio: Joseph Brodsky, Jorge de Sena.
-Viaje y epifanía: Zbigniew Herbert, Adam Zagajewski.
-El viaje necesario: Henrik Nordbrandt.
-Una poesía moral: Yehuda Amijai, Ángel González.
-La imposibilidad de la alegoría: Charles Simic.
-Otras escrituras: José Watanabe, Wislawa Szymborska, Yves Bonnefoy, Eugénio de Andrade, Charles Wright.
-El descubrimiento del cuerpo: de la autobiografía a la intimidad.
Sylvia Plath, Anne Sexton. Poesía y performance.


Coordinador:
Martín López-Vega
Dirigió el Taller de Letras de escritura creativa en la Universidad de Oviedo y ha impartido conferencias sobre distintos aspectos de la poesía contemporánea en universidades europeas y norteamericanas. Es autor de varios libros de poemas, los últimos de ellos Extracción de la piedra de la cordura (Dvd, 2005) y Gajos (Pre-textos, 2007). Como traductor ha vertido al castellano libros de autores como Charles Simic, Lêdo Ivo, Eugénio de Andrade, Almeida Garrett, Manlio Sgalambro o Giuseppe Cesare Abba. Como crítico literario ha colaborado en los suplementos de los principales diarios españoles: El País, ABC, El Mundo y La Vanguardia. Ha sido librero de La Central y en la actualidad es editor de la editorial de poesía mexicano-española Vaso Roto.


Fechas: 12, 19, 26 de noviembre y 10 de diciembre.
Horario: Jueves de 19.00 a 21.00 horas.
Duración: 8 horas.
Precio: 80 euros.
Lugar: Librería La Central del MNCARS (Ronda de Atocha, 2).
Información e inscripciones:
por mail: nuriarepilado@lacentral.com
por teléfono: 91 789 74 74
En la librería.
De 19 a 21 horas.
Jueves
La Central del MNCARS (Ronda Atocha, 2 / 28012 MADRID)

29.10.09

Carmen Consoli & Franco Battiato, Marie ti amo

23.10.09

Franco Battiato, Inneres Auge


Nuevo disco de Franco Battiato, Inneres Auge.
Puede escucharse la canción que da el título al disco en la web de La Repubblica, en este enlace: http://xl.repubblica.it/dettaglio/79118. También en el vídeo aquí abajo. Y un poco más abajo otras dos de las canciones del nuevo disco: "Tibet" e "Inverno", versión de Frabrizio de André. El audio, justo antes, es la grabación del programa de la radio norteamericana KCRW "Morning becomes eclectic" presentado por Tom Schnabel del 14 de octubre pasado. Battiato es entrevistado y presenta en inglés -en su inglés- algunas de sus canciones, entre ellas "Haiku", presente en el nuevo disco.













S.P.Q.R.


(En diciembre aparecerá una edición limitada que incluirá un cuaderno con dibujos de Roma y Venecia del pintor Luis Javier Gayá y otro cuaderno con quince poemas míos manuscritos. Como será limitada y estarán escritos a mano, dejo aquí esta versión más accesible y legible).

S.P.Q.R.

A Sarabel Delgado

I,

Torre Stefaneschi

La ventana abierta al Trastevere,

afinas las cuerdas del violín. Me gusta

verte acariciarlas, el cuidado con el que buscas

la nota exacta, pues es lo mismo que haces

conmigo cada vez que nos encontramos

--cuatro cuerdas: tensando la angustia

suenan las dulces notas de la calma.

Acariciando la melancolía afinas el presente.

El dolor y la incertidumbre sustituidos

por la calma y el placer a intervalos de quintas.

Tocas viejas melodías sefarditas,

agua cristalina se suma al río del día.

Quién sabe si acaso no es la primera vez

que suenan aquí: al fin y al cabo

este era el barrio judío, y nuestra casa

lleva en pie desde el siglo XV.

Tú tocas y yo leo en el cuarto de al lado,

egoísta por un instante, pienso:

¿dónde está todo lo que era yo?

¿Qué fue de las arañas que me habitaban,

qué de los hondos charcos oscuros?

Pienso: gracias, amor, por hacerme creer

que también yo puedo llegar a ser esto,

en la tarde de agosto límpida luz de música.

II,

Mostra Leonardo

Leonardo, tan empeñado en volar,

en caminar sobre las aguas,

¿tampoco tú estabas a gusto en esta tierra?


III,

Piazza Santa Maria in Trastevere

Había huellas en la plaza de Santa María,

en los adoquines, en el agua de la fuente.

¿Eran nuestras, eran las nuestras de hace

nueve años? ¿Quién quiere saberlo?

Estoy contigo ahora. Nuestras huellas, las verdaderas,

no han abandonado aún la suela de nuestras sandalias.

IV,

Piazza San Cosimato

Sentado en la terraza del café de San Cosimato,

un anciano dibuja gente entre las mesas, siluetas

de espaldas, sin rostro –me fijo, no se corresponden

a nadie que esté sentado ahora en el café, ¿a quién dibuja?

¿Son los rostros vueltos de un pretérito perfecto que huye?

¿Las sombras de un futuro que nunca llegó?

Con dos trazos de la memoria libera agua estancada.

Me descubro escribiendo esto en mi cuaderno.

¿Existe realmente aquello de lo que yo hablo

tal y como lo cuento? Tu mano acaricia

mi mano. Respiro, azorado.

V,

Via Marguta

En Via Marguta, después de una mañana

colándome en los portales, quise comprar

una de esas piedras con inscripciones en latín.

-¿Una en la que esté escrito Carpe diem?

Tanto le pedimos al día...

Pero no, deja que el día huya sin pedirle nada,

mira tranquilo el curso del río quedarse sin agua,

observa sin afanes la ruina del día que cae,

pasea sin deseos por las calles llenas de ansia

y luego, contento de ti, harto del mundo,

toma los restos del día

y quémalos con una carcajada.

VI,

Villa Medici

Hacemos devoto caso al Roma c’è

y buscamos los lugares que no se han abierto

nunca. En Villa Medici, un guía empeñado

en demostrarnos lo bien que le sale la r francesa

muestra las estancias que dispuso Balthus

para los directores de la Academia Francesa:

huellas de cardenales y demás hombres

con faldas. Todos atendemos –todos: nosotros,

los americanos en pantalón corto,

las rubias de sobacos que apestan todo

alrededor- sin demasiado entusiasmo,

si acaso algo más cuando aparece una ventana

sobre Roma, la Roma que late, la que nos espera

para alterarnos el pulso. Menos mal que luego,

riendo bajo el agua de los aspersores, besándome

completamente húmeda,

parecías talmente un anuncio de la vida...

VII,

Passeto

Para que huyeran los papas construyeron este passeto

--para los que ya hubieran dejado de confiar

en la ayuda de Dios, se entiende. A estas horas

hay más turistas que en Via Veneto y lo cierto

es que lo único que hay que ver son las ventanas

de las casas cercanas: insulsas vidas ajenas

en camiseta de tirantes por el calor. Y nosotros

que vamos y venimos entre el gentío

como peces fuera del agua con ansias de río.

VIII,

Via dei Portoghesi

Estaban rodando una película en la piazza

de Santa Maria: habían llenado de espejos

la terraza de ese café siempre repleto de naranjas

y habían esparcido por la plaza motos antiguas,

enormes focos, cajas y caja s de botellas

de agua. Los protagonistas, amor,

no lo sabías, pero éramos nosotros:

eso sí, no esperes ver nunca la película,

pues haré todas las trampas posibles por alargar el rodaje

y que no acabe nunca –especialmente algunas escenas

(pienso en aquel beso en via dei Portoghesi, pero no sólo)

habrá que repetirlas una y otra vez, infinitamente.

IX,

Piazza della Scala

He despertado tarde pero tú duermes aún.

Abro las contraventanas al Trastevere

y Andreas Scholl canta, con una sed

que no es de agua y por eso

es sed que amaina, “Che farò senza Euridice”.

Preparo café y su olor se mezcla

con el de la albahaca fresca inundándolo todo.

Me visto para ir a buscar los croissants.

Te has despertado y desbaratas todos mis planes.

Bendita tú eres entre todos los amaneceres.

X,

Mostra Hiroshige. Museo del Corso

Escribiste el ideograma japonés de caballo con agua

y sus trazos se borraron al galope. Yo escribí

el de lluvia y sus trazos de agua

se borraron más rápido que la lluvia.

El trazo que tus dedos dibujaron en mi espalda,

lo que tus labios dijeron en mis labios,

esos no hay eternidad de agua que pueda borrarlos.

XI,

Archetto

Cuando me dijiste que en la entrada del Paraíso

nos recibiría el peludo sobaco de Sofia Loren

no imaginé que te referías a un restaurante:

he leído demasiado a Dante. Imaginaba arcos

góticos, cielos límpidos, aguas transparentes.

Y se aprende más del mundo, quién lo duda,

saboreando esos spaguetti chanel del Archetto

que leyendo las miserias de aquellos florentinos.

XII,

Elefantino

Bernini copió de una página del Polífilo

ese elefante de ojos miedosos,

a punto de deshacerse en agua, que puso

ante Santa Maria sopra Minerva.

Luego yo compré su miniatura

en una platería del barrio judío

y ahora cuelga de tu cuello mirándote

con esos mismos ojos, suplicándote:

No te vayas nunca, mira alrededor,

amor: todo serían ruinas.

XIII,

Jonathan’s angels

Somos ciudadanos de todas las ciudades

de las que podríamos dibujar un mapa de memoria,

así que nos negamos a usar mapas: día tras día,

de vuelta a casa, nos perdíamos un rato entre callejuelas

buscando aquel bar bizarro de tantos años atrás.

No habíamos vuelto a estar juntos tú y yo en Roma,

y no éramos capaces de encontrarlo. La ciudad

nos decía: no os engañéis, esta es la primera vez,

es la primera vez que mana el agua de las fuentes.

Cuando por fin lo encontramos, estaba cerrado.

Y la ciudad se reía de nosotros, pero no la oíamos

porque nuestras risas, amor, eran más fuertes.

XIV,

Ludovica e Cecilia

Es fácil sentirse en casa en esta capital

de los extravagantes: la vieja que baila

surrealista música moderna para pedir limosna,

la americana que baña sus pies

en el agua de la fuente sin quitarse los zapatos,

el mimo que imita a una momia

a la que sorprendimos bajándose los pantalones,

aunque las mejores imitaciones sin duda, fueron, amor,

las tuyas de la beata Ludovica Albertoni

y, sucesivamente, de Santa Cecilia.

XV,

Ombra

He soñado con tu sombra, amor.

La encontré en un vicolo del sueño.

La perseguí por toda esa ciudad

que es mitad realidad, mitad sueño.

Estuve a punto de alcanzarla

antes de llegar al Pantheon:

se había entretenido

mirando los ojos del elefante de Bernini.

Le rocé la mano entre bambúes,

rodeados de cuadros de Hiroshige.

Le perdí la pista entre los ángeles

del Ponte Sant’Angelo, pero la volví

a ver revolviendo entre los libros de un puesto.

Creí que era mía al cruzar el Ponte Sisto.

La tuve tan cerca que creí que podía besarla.

Siguiéndola llegué hasta la puerta

de nuestra casa en la piazza della Scala.

He soñado con tu sombra, amor.

La encontré en un vícolo del sueño.

Cada vez que iba a atraparla la perdía

porque no estaba afuera, sino dentro de mí.

Y sin descanso la perseguía. Al llegar

a lo alto del Gianicolo vi su mirada.

Eran la tuya cuando tus labios

buscan mis labios. Se sentó en una mesa

cerca de la mía en una taberna del Ghetto.

Se refrescó con el agua del Fontanone.

La vi acariciar salamandras en el calor

sofocante de la Via del Tritone.

Se escondió de mí entre los árboles

en los cruces de caminos de Villa Medici.

He soñado con tu sombra, amor.

La encontré en un vicolo del sueño.

La alcancé en el Monte Aureo.

La besé en el jardín de la Academia.

He soñado con tu sombra, Amor.

He soñado con ser yo tu sombra

para no perderme de ti ni cuando sueño.


Roma, agosto 2009