13.11.09
9.11.09
7.11.09
6.11.09
4.11.09
venía un ciervo tuyo
con la bella cabeza hecha un desorden,
miré y colmabas
los recipientes del sol.
Espadas del otoño
y el sereno limón de tu ventana,
retaron mi corazón fiado en su ternura.
Tapia que gana el empujón del viento,
fui vencido. Quedé solo en la noche,
quedé mirando el mar a tientas
de mi alma.
2.11.09
Últimos días de inscripción al taller "Leer la poesía del siglo XX"
Programa:
La clave de este curso será trabajar sobre los textos de los poetas. Para ello, el alumno recibirá un cuadernillo con los poemas que serán motivo de estudio.
Algunos temas que se tratarán son:
-Poesía y duración: una introducción a la poesía de la segunda mitad del s.XX.
-Poesía e historia: de la historia a la autobiografía.
-El poeta como testigo de la historia: poesía y documental.
-Poesía después de Auschwitz: Milosz, Celan.
-Poesía y exilio: Joseph Brodsky, Jorge de Sena.
-Viaje y epifanía: Zbigniew Herbert, Adam Zagajewski.
-El viaje necesario: Henrik Nordbrandt.
-Una poesía moral: Yehuda Amijai, Ángel González.
-La imposibilidad de la alegoría: Charles Simic.
-Otras escrituras: José Watanabe, Wislawa Szymborska, Yves Bonnefoy, Eugénio de Andrade, Charles Wright.
-El descubrimiento del cuerpo: de la autobiografía a la intimidad.
Sylvia Plath, Anne Sexton. Poesía y performance.
Coordinador:
Martín López-Vega
Dirigió el Taller de Letras de escritura creativa en la Universidad de Oviedo y ha impartido conferencias sobre distintos aspectos de la poesía contemporánea en universidades europeas y norteamericanas. Es autor de varios libros de poemas, los últimos de ellos Extracción de la piedra de la cordura (Dvd, 2005) y Gajos (Pre-textos, 2007). Como traductor ha vertido al castellano libros de autores como Charles Simic, Lêdo Ivo, Eugénio de Andrade, Almeida Garrett, Manlio Sgalambro o Giuseppe Cesare Abba. Como crítico literario ha colaborado en los suplementos de los principales diarios españoles: El País, ABC, El Mundo y La Vanguardia. Ha sido librero de La Central y en la actualidad es editor de la editorial de poesía mexicano-española Vaso Roto.
Fechas: 12, 19, 26 de noviembre y 10 de diciembre.
Horario: Jueves de 19.00 a 21.00 horas.
Duración: 8 horas.
Precio: 80 euros.
Lugar: Librería La Central del MNCARS (Ronda de Atocha, 2).
Información e inscripciones:
por mail: nuriarepilado@lacentral.com
por teléfono: 91 789 74 74
En la librería.
De 19 a 21 horas.
Jueves
La Central del MNCARS (Ronda Atocha, 2 / 28012 MADRID)
29.10.09
23.10.09
Franco Battiato, Inneres Auge
S.P.Q.R.

(En diciembre aparecerá una edición limitada que incluirá un cuaderno con dibujos de Roma y Venecia del pintor Luis Javier Gayá y otro cuaderno con quince poemas míos manuscritos. Como será limitada y estarán escritos a mano, dejo aquí esta versión más accesible y legible).
S.P.Q.R.
A Sarabel Delgado
I,
Torre Stefaneschi
La ventana abierta al Trastevere,
afinas las cuerdas del violín. Me gusta
verte acariciarlas, el cuidado con el que buscas
la nota exacta, pues es lo mismo que haces
conmigo cada vez que nos encontramos
--cuatro cuerdas: tensando la angustia
suenan las dulces notas de la calma.
Acariciando la melancolía afinas el presente.
El dolor y la incertidumbre sustituidos
por la calma y el placer a intervalos de quintas.
Tocas viejas melodías sefarditas,
agua cristalina se suma al río del día.
Quién sabe si acaso no es la primera vez
que suenan aquí: al fin y al cabo
este era el barrio judío, y nuestra casa
lleva en pie desde el siglo XV.
Tú tocas y yo leo en el cuarto de al lado,
egoísta por un instante, pienso:
¿dónde está todo lo que era yo?
¿Qué fue de las arañas que me habitaban,
qué de los hondos charcos oscuros?
Pienso: gracias, amor, por hacerme creer
que también yo puedo llegar a ser esto,
en la tarde de agosto límpida luz de música.
II,
Mostra Leonardo
Leonardo, tan empeñado en volar,
en caminar sobre las aguas,
¿tampoco tú estabas a gusto en esta tierra?
III,
Piazza Santa Maria in Trastevere
Había huellas en la plaza de Santa María,
en los adoquines, en el agua de la fuente.
¿Eran nuestras, eran las nuestras de hace
nueve años? ¿Quién quiere saberlo?
Estoy contigo ahora. Nuestras huellas, las verdaderas,
no han abandonado aún la suela de nuestras sandalias.
IV,
Piazza San Cosimato
Sentado en la terraza del café de San Cosimato,
un anciano dibuja gente entre las mesas, siluetas
de espaldas, sin rostro –me fijo, no se corresponden
a nadie que esté sentado ahora en el café, ¿a quién dibuja?
¿Son los rostros vueltos de un pretérito perfecto que huye?
¿Las sombras de un futuro que nunca llegó?
Con dos trazos de la memoria libera agua estancada.
Me descubro escribiendo esto en mi cuaderno.
¿Existe realmente aquello de lo que yo hablo
tal y como lo cuento? Tu mano acaricia
mi mano. Respiro, azorado.
V,
Via Marguta
En Via Marguta, después de una mañana
colándome en los portales, quise comprar
una de esas piedras con inscripciones en latín.
-¿Una en la que esté escrito Carpe diem?
Tanto le pedimos al día...
Pero no, deja que el día huya sin pedirle nada,
mira tranquilo el curso del río quedarse sin agua,
observa sin afanes la ruina del día que cae,
pasea sin deseos por las calles llenas de ansia
y luego, contento de ti, harto del mundo,
toma los restos del día
y quémalos con una carcajada.
VI,
Villa Medici
Hacemos devoto caso al Roma c’è
y buscamos los lugares que no se han abierto
nunca. En Villa Medici, un guía empeñado
en demostrarnos lo bien que le sale la r francesa
muestra las estancias que dispuso Balthus
para los directores de la Academia Francesa:
huellas de cardenales y demás hombres
con faldas. Todos atendemos –todos: nosotros,
los americanos en pantalón corto,
las rubias de sobacos que apestan todo
alrededor- sin demasiado entusiasmo,
si acaso algo más cuando aparece una ventana
sobre Roma, la Roma que late, la que nos espera
para alterarnos el pulso. Menos mal que luego,
riendo bajo el agua de los aspersores, besándome
completamente húmeda,
parecías talmente un anuncio de la vida...
VII,
Passeto
Para que huyeran los papas construyeron este passeto
--para los que ya hubieran dejado de confiar
en la ayuda de Dios, se entiende. A estas horas
hay más turistas que en Via Veneto y lo cierto
es que lo único que hay que ver son las ventanas
de las casas cercanas: insulsas vidas ajenas
en camiseta de tirantes por el calor. Y nosotros
que vamos y venimos entre el gentío
como peces fuera del agua con ansias de río.
VIII,
Via dei Portoghesi
Estaban rodando una película en la piazza
de Santa Maria: habían llenado de espejos
la terraza de ese café siempre repleto de naranjas
y habían esparcido por la plaza motos antiguas,
enormes focos, cajas y caja s de botellas
de agua. Los protagonistas, amor,
no lo sabías, pero éramos nosotros:
eso sí, no esperes ver nunca la película,
pues haré todas las trampas posibles por alargar el rodaje
y que no acabe nunca –especialmente algunas escenas
(pienso en aquel beso en via dei Portoghesi, pero no sólo)
habrá que repetirlas una y otra vez, infinitamente.
IX,
Piazza della Scala
He despertado tarde pero tú duermes aún.
Abro las contraventanas al Trastevere
y Andreas Scholl canta, con una sed
que no es de agua y por eso
es sed que amaina, “Che farò senza Euridice”.
Preparo café y su olor se mezcla
con el de la albahaca fresca inundándolo todo.
Me visto para ir a buscar los croissants.
Te has despertado y desbaratas todos mis planes.
Bendita tú eres entre todos los amaneceres.
X,
Mostra Hiroshige. Museo del Corso
Escribiste el ideograma japonés de caballo con agua
y sus trazos se borraron al galope. Yo escribí
el de lluvia y sus trazos de agua
se borraron más rápido que la lluvia.
El trazo que tus dedos dibujaron en mi espalda,
lo que tus labios dijeron en mis labios,
esos no hay eternidad de agua que pueda borrarlos.
XI,
Archetto
Cuando me dijiste que en la entrada del Paraíso
nos recibiría el peludo sobaco de Sofia Loren
no imaginé que te referías a un restaurante:
he leído demasiado a Dante. Imaginaba arcos
góticos, cielos límpidos, aguas transparentes.
Y se aprende más del mundo, quién lo duda,
saboreando esos spaguetti chanel del Archetto
que leyendo las miserias de aquellos florentinos.
XII,
Elefantino
Bernini copió de una página del Polífilo
ese elefante de ojos miedosos,
a punto de deshacerse en agua, que puso
ante Santa Maria sopra Minerva.
Luego yo compré su miniatura
en una platería del barrio judío
y ahora cuelga de tu cuello mirándote
con esos mismos ojos, suplicándote:
No te vayas nunca, mira alrededor,
amor: todo serían ruinas.
XIII,
Jonathan’s angels
Somos ciudadanos de todas las ciudades
de las que podríamos dibujar un mapa de memoria,
así que nos negamos a usar mapas: día tras día,
de vuelta a casa, nos perdíamos un rato entre callejuelas
buscando aquel bar bizarro de tantos años atrás.
No habíamos vuelto a estar juntos tú y yo en Roma,
y no éramos capaces de encontrarlo. La ciudad
nos decía: no os engañéis, esta es la primera vez,
es la primera vez que mana el agua de las fuentes.
Cuando por fin lo encontramos, estaba cerrado.
Y la ciudad se reía de nosotros, pero no la oíamos
porque nuestras risas, amor, eran más fuertes.
XIV,
Ludovica e Cecilia
Es fácil sentirse en casa en esta capital
de los extravagantes: la vieja que baila
surrealista música moderna para pedir limosna,
la americana que baña sus pies
en el agua de la fuente sin quitarse los zapatos,
el mimo que imita a una momia
a la que sorprendimos bajándose los pantalones,
aunque las mejores imitaciones sin duda, fueron, amor,
las tuyas de la beata Ludovica Albertoni
y, sucesivamente, de Santa Cecilia.
XV,
Ombra
He soñado con tu sombra, amor.
La encontré en un vicolo del sueño.
La perseguí por toda esa ciudad
que es mitad realidad, mitad sueño.
Estuve a punto de alcanzarla
antes de llegar al Pantheon:
se había entretenido
mirando los ojos del elefante de Bernini.
Le rocé la mano entre bambúes,
rodeados de cuadros de Hiroshige.
Le perdí la pista entre los ángeles
del Ponte Sant’Angelo, pero la volví
a ver revolviendo entre los libros de un puesto.
Creí que era mía al cruzar el Ponte Sisto.
La tuve tan cerca que creí que podía besarla.
Siguiéndola llegué hasta la puerta
de nuestra casa en la piazza della Scala.
He soñado con tu sombra, amor.
La encontré en un vícolo del sueño.
Cada vez que iba a atraparla la perdía
porque no estaba afuera, sino dentro de mí.
Y sin descanso la perseguía. Al llegar
a lo alto del Gianicolo vi su mirada.
Eran la tuya cuando tus labios
buscan mis labios. Se sentó en una mesa
cerca de la mía en una taberna del Ghetto.
Se refrescó con el agua del Fontanone.
La vi acariciar salamandras en el calor
sofocante de la Via del Tritone.
Se escondió de mí entre los árboles
en los cruces de caminos de Villa Medici.
He soñado con tu sombra, amor.
La encontré en un vicolo del sueño.
La alcancé en el Monte Aureo.
La besé en el jardín de la Academia.
He soñado con tu sombra, Amor.
He soñado con ser yo tu sombra
para no perderme de ti ni cuando sueño.
Roma, agosto 2009

